III Congreso Internacional FIBIP

 

Análisis crítico de la

Declaración sobre Normas Universales de Bioética de la UNESCO

 

 

Marco Antonio Gracia Triñaque

Diplomado en Bioética

Miembro de la Asociación Panamericana de Bioética

  

Estimados lectores, como participante en este III Congreso Internacional me permito presentarles una reseña de este evento.

Los días 29 y 30 de Septiembre se llevó a cabo el III Congreso Internacional de la Federación Internacional de Centros e Institutos de Bioética de Inspiración Personalista (FIBIP en sus siglas en inglés). La sede del Congreso, en esta ocasión, fue la ciudad de México, y se revisó el tema: Análisis crítico de la Declaración sobre Normas Universales de Bioética de la UNESCO. 

La organización de este importante evento corrió a cargo de la Facultad de Bioética de la Universidad Anáhuac y del Consejo de Bioética del Episcopado Mexicano. Se contó con la presencia de 220 Congresistas provenientes de: España, Italia, EUA, Suiza, Chile, Argentina, Uruguay, Bolivia, Portugal, Cuba, Puerto Rico, Guatemala y, por supuesto, México.

En la inauguración del Congreso se contó en el presidium con la presencia de S.E.R. Mons. Elio Sgreccia, presidente de FIBIP y Presidente de la Academia Pontificia para la Vida; S.E.R. Mons. Rodrigo Aguilar, presidente del Consejo de Bioética de la Conferencia del Episcopado Mexicano; el P. Jesús Quirce Andrés, LC, rector de la Universidad Anáhuac de México; Dr José Luis Soberanes Fernández, Comisionado Nacional de Derechos Humanos; y el Dr. Horacio García Romero, presidente de la Academia Nacional Mexicana de Bioética.

El Congreso se dividió en cuatro bloques o sesiones principales, las cuales contaron con coordinadores que fueron dando las conclusiones de cada sesión así como presentando a los diversos conferencistas. 

La primera sesión estuvo a cargo de Mons. Jean-Marie Mpendawatu de la República del Congo, oficial del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud en el Vaticano, y de la Dra. Mónica López Barahona, profesora de Bioética de la Universidad Francisco de Vitoria en Madrid.

En esta sesión se presentaron cuatro conferencias. En la primera contamos con la presencia del P. Gonzalo Miranda, LC, decano de la Facultad de Bioética del Ateneo  Regina Apostolorum de Roma, quien nos presentó de manera magistral una Introducción y contextualización de la Declaración sobre Normas Universales de Bioética de la UNESCO, voy a desarrollar más a fondo esta conferencia que el resto, pues es el eje medular del Congreso.

Entre las ideas que mencionó el P. Miranda, LC fue el de que al elaborar la UNESCO un documento de esta naturaleza nos damos cuenta de que la Bioética ya no se reduce a un grupo específico de estudiosos, sino que compete a toda la humanidad, es de dominio común: “La Bioética -dirá el P. Miranda-,  tiene que ver con la vida, con la muerte, con la salud, con el respeto a la persona humana y esto nos afecta a todos, nos concierne a todos”.

Cabe mencionar que la UNESCO promueve en Latinoamérica Manuales de Educación Sexual cuya ideología es muy similar a la de la IPPF (International Planned Parenthood Federation: Federación Internacional de Planificación de la Familia) que es la agencia mayormente responsable en el mundo de la promoción del aborto, esterilización, etc.

Se ven entonces en la UNESCO acciones concretas que no son aceptables con una visión personalista y mucho menos con una visión religiosa, lo que ocasiona, obviamente, desconfianza.

En 1993, la UNESCO planteó un Programa de Bioética que se apoya en el Comité Internacional de Bioética (CIB) y en el Comité Intergubernamental de Bioética (CIGB) ambos organismos dependientes de la UNESCO, mismos que se han hecho cargo de elaborar el borrador de la Declaración solicitada en 2003.

Del 20 al 24 de Junio del presente año, se reunió en París un comité de expertos de Bioética para definir el borrador. La naturaleza de la Declaración, de lo que debía de hablar,  era de principios de Bioética no de temas específicos. Se llegó a la conclusión de que la Declaración no debía ser sobre Normas Universales de Bioética sino una Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos (título aceptado por la mayoría del comité). 

Algunos de los temas más delicados que se trataron en la elaboración de la Declaración:

En toda la Declaración no había una sola afirmación sobre el respeto de la vida humana, cosa extraña en un documento de Bioética, cuando se propuso, hubo muchos países en contra, entre ellos Inglaterra, Japón, Canadá. Se llegó a la conclusión (a fin de llegar a un consenso) de hablar del promover el respeto a la dignidad humana y la protección a los derechos humanos, asegurando el respeto a la vida humana. Al final los países que estaban en contra accedieron.

El consentimiento informado y la protección a los más vulnerables es el artículo más largo y es dónde más sensibilidad se encontró por parte de la mayoría de los Delegados hacia los más débiles. Se incluyó el principio de vulnerabilidad en el que se reconoce que todos los seres humanos somos vulnerables y susceptibles de manipulación y de instrumentalización y que hay algunos seres más vulnerables, por lo que se establece un deber de protegerlos.

 Se quería hablar también sobre el tema específico de Salud Reproductiva (concepto muy conflictivo que abre las puertas a la legalización del aborto), que no es un principio de Bioética. Al final se eliminó este término de la Declaración.

 Termina el P. Miranda hablando del peso que tiene esta Declaración y si bien no es vinculante desde el punto de vista legal si se pretende que tenga un valor moral y de guía. Busca crear un lenguaje común en torno a la Bioética. Un punto interesante es vincular la Bioética con los Derechos Humanos.

La siguiente ponencia estuvo a cargo de Hugo Ramírez, de la Universidad Panamericana quien habló sobre el texto de la Declaración sobre Normas Universales de Bioética y la coherencia con los documentos internacionales anteriores.

Siguió el turno del Prof. Ignazio Sanna, profesor de Antropología Filosofica de la Universidad Lateranense de Roma, quien expuso el tema sobre El concepto de la  dignidad humana desde la perspectiva antropológica personalista. En esta ponencia, de elevado contenido teológico, el Prof. Sanna desarrollo el tema de la dignidad humana y comenzó con una reflexión: “nadie quiere vivir y morir de una manera indigna”, de ahí definió lo digno como: todo aquello que tiene valor como tal y merece respeto. Habló de la dignidad humana intrínseca a todos los hombres por el simple hecho de serlo y de que su reconocimiento no se le puede negar a nadie. Cada individuo representa la dignidad de todo el género humano. 

Después, fundamento teológicamente la dignidad humana. De que teníamos que ver al mundo con los ojos de Cristo y reconocer la dignidad de toda persona. Comentó también que la religión está al servicio de la vida y de que, aunque la sociedad excluya o no quiera reconocer la dignidad de un grupo específico vulnerable (los embriones, enfermos mentales, etc) no quiere decir que no la tengan.

El fundamento último de la dignidad humana es Dios y la Iglesia Católica puede contribuir mucho a resanar la dignidad humana. Habló también de la inviolabilidad de la dignidad humana.

Para terminar comentó que, quien tiene un concepto alto de Dios, tiene un concepto alto de la persona humana y viceversa.

Para cerrar esta primera sesión, el Prof. John Hass, Profesor del National Catholic Bioethics Center de Filadelfia, versó su ponencia en las Clarificaciones sobre “Ser humano” y “Persona”, comenzó diciendo que, la dignidad se atribuye solo a las personas humanas no a los animales.

El Prof. Hass nos habló de la dignidad antropológica o moral: “una persona dignificada es aquella que construye su dignidad con sus propios actos” y recalcó también que la dignidad ontológica es intrínseca a todo ser humano por el mero hecho de serlo.

Habló de que los seres humanos tienen deuda con la razón por la conciencia y comentó que en Holanda se tienen 900 casos anuales de eutanasia involuntaria (es decir, no pedida por el paciente).

En la segunda sesión de la tarde coordinada por la Prof. Guadalupe Díaz y el Prof. Amedeo Orlandini, cabe mencionar la ponencia del Prof. Rodrigo Guerra López, Doctor en Filosofía y Coordinador del Grupo Interdisciplinario de Bioética de la Universidad Panamericana, quien presentó Hacia una Ontología del Embrión Humano, biofilosofía, biología del desarrollo e individuación humana. Destaquemos lo más significativo de esta ponencia:

Si bien el ser humano ha sido tema de reflexión filosófica desde la más remota antigüedad, cuando hablamos de «embrión humano» nos referimos a un estado de cosas que involucra un proceso de desarrollo biológico.

No basta mostrar cómo sucede la embriogénesis sino es preciso indagar por qué sucede así. Sólo con el concurso de la embriología y de una eventual embriontología[1] será posible que nuestras explicaciones muestren con mayor contundencia cuáles son las razones profundas que explican la generación del ser humano, y en el fondo, cuál es el estatuto ontológico de la vida humana naciente y de las diversas etapas que va recorriendo. 

Es ampliamente conocido que filósofos tan diversos como Aristóteles, Tomás de Aquino, Descartes, Max Scheler o Edith Stein han desarrollado sus respectivas teorías sobre el alma en clave filosófica y no teológica.

La persona está ya en acto desde el momento de la fusión de los gametos.

La categoría «embrión humano» es un nombre utilizado para designar un cierto segmento de desarrollo dentro de un proceso más amplio que culmina eventualmente con la muerte. En el proceso existe, sin dudas, una cierta continuidad ya que no existen «vacíos» entre una etapa y otra.

La siguiente ponencia estuvo a cargo del Dr. Giovanni Fantacci, Presidente del Consejo de Información sobre SIDA en Suiza, quien habló de la Epidemia del SIDA y afirmó: No se puede controlar la epidemia con condones nada más. De 23 a 28 millones de personas han muerto de SIDA. El Dr. Fantacci, pone por encima de los condones, como métodos de prevención individual para evitar el SIDA, a la Fidelidad y a la Abstinencia.

Nos habla de que hay en todo el mundo 39,4 millones de personas con SIDA y que diariamente se dan 14 mil infecciones. Comenta el fracaso político para controlar el SIDA y pone como ejemplo la tasa de transmisión del virus del SIDA de una mujer embarazada al bebé: sin tratamiento es del 40%, con tratamiento del 1 al 2%.

Se tuvieron también algunos talleres entre los que contamos con:

La Mtra. Lorena Malpica de la Universidad Anáhuac que habló sobre los Métodos Naturales, que desde hace 30 años se enseñan en México y que su poca efectividad se debe al desconocimiento que se tiene sobre dichos métodos. Comentó también que hay presiones políticas para promover los Métodos Anticonceptivos así como intereses económicos de farmacéuticas. Esto ocasiona una mentalidad reduccionista del concepto antropológico de la sexualidad. Termina diciendo: En cada niño nace la humanidad.

La Dra. María de la Luz Casas nos comenta que la Declaración de la UNESCO no tiene claridad entre los términos “ser humano” y “persona”.

El Dr. José Enrique Gómez Alvarez habló de la importancia de la religión sobre los derechos humanos.

Por último el Lic. Rafael Soto dijo que: la ciencia debe estar al servicio de la vida, así como de los límites del conocimiento científico. 

La tercera sesión fue coordinada por el Prof. Ignacio Carrasco de Paula, director del Instituto de Bioética de la Universidad Católica del Sacro Cuore de Roma y la Prof Nelly Carlos presidenta del Colegio de Bioética de Nuevo León. Contamos nuevamente con la presencia del Prof. Rodrigo Guerra López quien nos hablará en esta ocasión de Derechos Humanos en la Declaración de la Bioética Personalista y en la Declaración sobre Normas Universales de Bioética. Veamos algunas de las ideas expuestas en dicha ponencia:

Los antecedentes de este proyecto de Declaración son múltiples. Sobresalen la Declaración Universal sobre Derechos Humanos y Genoma Humano de 1997 y la Declaración Internacional sobre Datos Genéticos Humanos del año 2003[2]. Así mismo, en el Proyecto final se indica que se toma en cuenta y acepta el contenido de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.

Desde mi punto de vista -afirma el Prof. Guerra-, el Proyecto de Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos (PDU) es un texto que logra incorporar los elementos básicos del principialismo bioético (beneficencia, no maleficencia, autonomía, justicia) y los conjunta con otros elementos complementarios que no podemos más que celebrar. A continuación señalamos sucintamente algunos de ellos: el primer principio propuesto en el PDU consiste en “respetar plenamente la dignidad humana, los derechos humanos y las libertades fundamentales”, y en seguida se anota: “Los intereses y el bienestar de la persona deberían tener prioridad con respecto al interés exclusivo de la ciencia o la sociedad”[3]. Se reconoce la necesidad del “consentimiento informado” como un caso de respeto a la legítima autonomía de la persona[4]. Más adelante se indicará que “al aplicar y fomentar el conocimiento científico, la práctica médica y las tecnologías conexas, se debería tener en cuenta la vulnerabilidad humana. Los individuos y grupos especialmente vulnerables deberían ser protegidos y se debería respetar la integridad personal de dichos individuos”[5].

Esta afirmación parece completarse con el artículo 13 en el que se sostiene que: “Se habrá de fomentar la solidaridad entre los seres humanos y la cooperación internacional a este efecto”.

La Bioética principialista desde una de sus formulaciones primeras – como lo fue el «Informe Belmont» – ha reconocido el “respeto por las personas” como uno de sus principios[6]. Sin embargo, tanto en este ya clásico documento como en el propio PDU no es difícil encontrar que la falta de fundamentación de las afirmaciones éticas que se realizan, dan pie a diversas interpretaciones entre las que la utilitarista suele aparecer de manera bastante espontánea. Los vacíos de fundamentación rápidamente parecen ser llenados por el pragmatismo, que resulta ciego a la dignidad de todo ser humano, o que la subsume reformulándola de manera funcionalista.

Derecho humano no es cualquier intención o acción que un sujeto pueda pretender para su vida individual o colectiva. Derecho humano es la refracción analítica de la obligación absoluta de respetar a la persona como fin y nunca usarla como medio. A este principio se le suele llamar  «norma personalista de la acción»[7]: Persona est afirmanda propter seipsam!  Dicho de otro modo: como la persona posee un valor altísimo que denominamos «dignidad» y en cada acción se pueden escoger valores que afirmen o nieguen precisamente este valor supremo es necesario que nos demos cuenta que es precisamente una adecuada respuesta libre en función del orden axiológico descubierto lo que funda y constituye el ámbito de los derechos humanos.

La dignidad humana por su propia esencia no puede ser objeto de cálculos en base a la relación costo-beneficio para evaluar si eventualmente podría ser violada. La violación de la dignidad siempre es una injusticia y no es argumentable de manera racional bajo ninguna situación.

El Prof. Guerra concluye su ponencia el Proyecto de Declaración Universal de la UNESCO es una iniciativa que no puede concebirse como base para una bioética mundial. 

La siguiente ponencia estuvo a cargo de la Dra. María Luisa Di Pietro, profesora del Instituto de Bioética de la Universidad del Sacro Cuore de Roma y Miembro de la Academia Pontificia para la Vida. Nos habló sobre la Identidad sexual y de género:

La ambiguedad y el carácter equívoco de la utilización del término “género”  se han hecho conocidos en la opinión pública sobre todo en ocasión de la Cuarta Conferencia  mundial sobre la mujer, organizada por las Naciones Unidas y desarrollada en Pekín en  1995.

Según la perspectiva del “género” ser hombre o mujer no sería consecuencia  de la estructura biológica del individuo, sino fruto de la sola influencia de la sociedad y de la cultura que habrían con el tiempo atribuido  algunas características  al hombre (virilidad, fuerza, etc.) o a la mujer (maternidad, acogida, etc.) sin que estas fueran, sin embargo, patrimonio de la “naturaleza” de la persona. La femineidad, la masculinidad, la heterosexualidad y la maternidad no serían estados naturales sino “roles artificiales”,  ni definitivos ni determinados.  Todo individuo debe, así, sentirse libre no sólo de escoger  su propio modo de vivir, sino también la propia naturaleza sexual y la propia orientación sexual: heterosexual masculino, heterosexual femenino, bisexual, homosexual varón, homosexual mujer.

“El término género es interpretado por la Santa Sede como fundado sobre  la identidad sexual biológica, masculina o femenina”.

La estructuración de una identidad personal-sexuada es independiente de los roles que la persona-varón o la persona-mujer pueda, luego, asumir en la sociedad. En efecto, si con el término “rol” se pretende “actuar de modo de indicar a los otros la pertenencia al sexo masculino o al sexo femenino (comportamientos, actitudes)”, es fácilmente comprensible de qué modo esto puede  modificarse en los diversos contextos culturales e históricos.  Por “orientación” (heterosexual, homosexual, bisexual) se entiende, por el contrario, la preferencia sexual, en cuya estructuración pueden intervenir también factores distintos del sexo biológico como la educación, la cultura y las experiencias personales. 

La perspectiva del “género” no crea solamente una dificultad comunicativa: la de-construcción del lenguaje  ha sido el primer paso hacia la de-construcción de las relaciones familiares, de la reproducción, de la sexualidad, de la religión, de la cultura, de la educación. Pero sobre todo  de la familia. La familia como “enemigo” a combatir: ya que la familia - asignando roles masculinos y femeninos,  diferentes y discriminatorios  según la perspectiva del “género” -  no iguala; ya que las responsabilidades de la mujer en la familia están en conflicto con  su auto-realización;  ya que la vida familiar lleva a los hijos a aceptar la familia, el matrimonio y la maternidad como un hecho que se da por descontado.

Aquello que la perspectiva del “género” quiere de-construir, es la familia tradicionalmente entendida y basada en el matrimonio heterosexual, mientras quiere  connotar como familias otras formas de unión incluso homosexuales. De ahí la propuesta - inconcebible e inaceptable – adelantada ya en 1994 en el  Parlamento Europeo y en discusión en muchos países también de América Latina-  de reconocer las uniones homosexuales.

Termina la Dra. Di Pietro diciendo: Una lectura, en síntesis, que no puede hacer menos que indagar contemporáneamente sobre la  “realidad-mujer” y sobre la  realidad-hombre” y radicar la masculinidad y la femineidad en el ser persona: esto permite  adquirir  conciencia de que - por una parte - no se puede  prescindir de la corporeidad, que está siempre  y originariamente marcada por la diferencia en la realización de los actos peculiarmente humanos; por otra, que estos actos son “signo” de la espiritualidad personal y de aquel ilimitado autotra­scenderse por el cual la persona  se constituye como un nunca acabado proyecto de sí. Si no se recupera y no se comparte este sentido de lo humano, se podrá seguir hablando, pero no se podrá pretender  comunicar.

La cuarta y última sesión de este Congreso estuvo a cargo del Dr. José Kuthy Porter, Director de la Facultad de Bioética de la Universidad Anáhuac y de la Dra. María Dolores Espejo, Presidente de la Fundación Bioética. La primera conferencia la impartió el P. Alberto Bochatey, Director del Centro de Bioética de la Universidad Católica de Argentina sobre el tema de Carta de Buenos Aires sobre Bioética y Derechos Humanos, donde cabe destacar lo siguiente: Los expertos en bioética y los profesionales de la salud y las ciencias humanas y sociales, de organismos gubernamentales y no gubernamentales de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Chile, República Dominicana, México, Paraguay, Uruguay y Venezuela, reunidos en la Ciudad de Buenos Aires el 6 de noviembre de 2004, al término del Seminario Regional “Bioética: un desafío internacional. Hacia una Declaración Universal” convocado por el Gobierno Argentino, han resuelto pronunciarse sobre cuestiones fundamentales vinculadas a la bioética y su estrecha relación con los derechos humanos, la salud, y el contexto político, socioeconómico, y cultural, internacional y regional.

En su artículo 3 expresan: Que un presupuesto esencial de la bioética es el respeto de la moral básica que como consenso internacional se expresa en el respeto de los valores fundamentales recogidos en los principales instrumentos del sistema universal y del sistema interamericano de derechos humanos; y que entre esos valores  se destacan la vida, la dignidad, la identidad, la igualdad, la integridad, la libertad, la justicia, la equidad, y el bienestar de individuos, familias y comunidades. 

Entre lo que proponen, tenemos el artículo 17: Defender el fundamento de la bioética en los derechos humanos con el fin de desarrollar una ética respetuosa de las culturas, tolerante de las diversidades y cuidadosa de rechazar todo intento de hegemonía doctrinaria o de facto.

Siguió el turno del P. Fernando Chomalí, miembro del Comité Nacional de Bioética de la Conferencia Episcopal Chilena, que presentó la conferencia sobre: UNESCO y la Bioética en América Latina. Algunas ideas que cabe destacar: Estos Congresos nos permiten hacernos un espacio, siempre tan necesario, para poder pensar en qué estamos y hacia dónde vamos, en este caso en lo que a la vida se refiere.

Es interesante que el verdadero desequilibrio entre las posibilidades técnicas y la moral ya lo había hecho notar Juan Pablo II al inicio de su Magisterio cuando sostenía: “El progreso de la técnica y el desarrollo de la civilización de nuestro tiempo, que está marcado por el dominio de la técnica, exigen el desarrollo proporcional de la moral y de la ética. Mientras tanto, éste último parece, por desgracia, haberse quedado atrás”[8]. En efecto, América Latina ha ido cediendo a una mentalidad cientista, que se ha convertido en una verdadera antropología.

En esta visión, sólo se reconoce como verdad lo que la ciencia puede demostrar; el mismo hombre se reduce a su definición científica. En nombre de la ciencia todo se justifica, incluso lo que constituye una afrenta a la dignidad humana.

Las declaraciones de los organismos internaciones se preocupan mucho de no tener problemas con nadie, haciendo de sus declaraciones un conjunto de ambigüedades para que cada cual las aplique como lo desee. Así, frente a la incapacidad de fundar una verdad, la “libertad se convierte en valor absoluto, y el Estado se declara neutro. Sin embargo esta mirada es estrecha porque una libertad sin verdad termina necesariamente ahogándose en sus propios excesos.  La libertad se convierte en un poder destructivo. ¿Acaso no es ese mismo concepto de libertad que permite millones de abortos en el mundo (aunque ahora los llaman interrupción voluntaria del embarazo), cientos de miles embriones congelados (aunque ahora los llaman un mero conjunto de células, o preembriones), millones de ancianos solos y candidatos a la eutanasia en virtud de su soledad y falta de amor (aunque ahora le llamen muerte por piedad)? 

Es interesante hacer ver cómo, en el caso concreto de la Declaración de Bioética de la UNESCO, se ha tenido una interesante evolución, eliminando de sus páginas todo aquello que podría constituir un roce con alguna de las “cientas” de sensibilidades involucradas, quedando así reducida a lugares comunes que pueden ser interpretados de múltiples formas. Este hecho adquiere la máxima relevancia a la hora de hacer un juicio al respecto, dado que “un texto sacado de contexto puede convertirse en el mejor de los pretextos” y no va a faltar quien, al querer introducir un proyecto de ley, se ampare en algunos dichos de la declaración. ¿Acaso no se ha introducido un lenguaje nuevo para estos efectos? Como, por ejemplo, en vez de hablar de familia se habla de las familias, para referirse al cónyuge se prefiere hablar de la pareja, y para el sexo se ha introducido el término de género, sumados a otros términos de gran ambigüedad y amplia interpretación como derechos reproductivos, sexo seguro, autonomía, principio de no discriminación, entre otros. Todos conceptos que apuntan a reivindicar la libertad como valor absoluto, pero sin verdad. 

El P. Chomalí concluye diciendo: Creo sinceramente que la FIBIP (Federación Internacional de Centros e Institutos de Bioética de Inspiración Personalista) puede convertirse en un referente privilegiado a nivel de las personas, los gobiernos, la opinión pública y los foros internacionales, debido a que posee en su estructura y su pensamiento justamente lo que constituye la debilidad del Comité Internacional de Bioética, la carencia de una antropología coherente, claridad a la hora de definir los conceptos y, sobre todo, libertad frente a otros organismos internacionales vinculados a las Naciones Unidas y a los múltiples gobiernos que la financian.